martes, 23 de julio de 2013

Discursos que anticipan el estallido. Comunicación política en contextos neoliberales


Alba Sud


“La ideología neoliberal colma de tranquilidad a los más pudientes”
(Jean Ziegler)

Más allá de sus implicaciones sociales, políticas y económicas, la implementación del neoliberalismo tiene también connotaciones en el ámbito de la comunicación. Analizando algunas experiencias históricas del modelo, ¿cómo se configuran los discursos de los representantes públicos antes, durante y después de la puesta en marcha de estas políticas?

Desde finales de los años 70 distintos Gobiernos de democracias occidentales iniciaron la aventura neoliberal, tanto en países centrales como periféricos. La puesta en marcha del recetario (un paquete simple y homogéneo de medidas que no necesita adaptarse a los diferentes contextos a los que se aplicaba) supuso en todos los casos importantes esfuerzos de comunicación.

Un análisis de la comunicación política en contextos de neoliberalismo podría comenzarse unos años antes, en las dictaduras de Augusto Pinochet en Chile (1973) o la Junta Militar en Argentina (1976). No obstante, a estos gobiernos cívico-militares no les fue necesario utilizar el arte de la persuasión política para aplicar o justificar las medidas neoliberales: la sistematización de asesinatos, persecuciones, secuestros, torturas y demás formas de terrorismo de Estado impedían toda crítica a sus programas y hacían vano el uso de cualquier argumento.

Por lo tanto, se tomarán como punto de partida los Gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan a finales de los 70 y la década de los 80 en Inglaterra y Estados Unidos, continuando en algunos países de América Latina durante los años 90 y principios de 2000, y finalizando en la actualidad en el sur de Europa.

A partir del ensamblaje de algunas piezas clave de los discursosde los principales responsables políticos en estos distintos momentos históricos, se puede ilustrar cómo se modula y articula el discurso del poder en contextos neoliberales. Un esquema discursivo coherente, integrado por un puñado de ideas repetidas hasta el hartazgo. Relatos que, por su reiteración y simplificación, pueden alcanzar un fuerte grado de interiorización social, incorporándose al “sentido común”.

Medidas que no se anuncian: en campaña nadie es neoliberal

Dado que no existe un partido que públicamente asuma una ideología neoliberal (y seguramente nunca vaya a haber un “partido neoliberal” como tal), este modelo llegó a las democracias occidentales de la mano de partidos políticos de los más diversos colores ideológicos. Partidos de tradición conservadora o socialdemócrata, formaciones de nueva creación, espacios históricamente vinculados al movimiento obrero y sindical o bien coaliciones de partidos [1].

Teniendo en cuenta que las recetas neoliberales han afectado y afectan necesariamente de forma negativa a amplias mayorías sociales, resultan impopulares. Un asunto que no pasa desapercibido para los expertos en marketing político y propaganda. ¿Quién sería capaz de incluir en su programa electoral medidas que van a perjudicar a la mayoría de la población?

En todos los casos, estos partidos llegaron al poder con los países en situación de crisis financiera, desempleo, deuda pública o inflación elevados, y por ende con un grado de descontento social. Las promesas electorales durante las campañas se centraron en ofrecer soluciones a estos escenarios, omitiendo la concreción de cómo se llegaría a éstas [2]. Ninguno de los entonces candidatos habló de recortes de inversión pública, de abandono de la tutela social del Estado, de privatizaciones de bienes y servicios públicos, de reducción de puestos de trabajo y achicamiento del Estado o de mercantilización de derechos sociales.

De esta forma, con propuestas abstractas, una fuerte inversión publicitaria y valiéndose de los errores de sus predecesores, Thatcher, Reagan, Menem, Fujimori, Sánchez de Lozada, Rajoy o Samarás, entre otros, se alzaron con el poder del Estado. Recién en ese momento, las buenas intenciones y la abstracción de los programas dieron paso a la aplicación del recetario neoliberal.

Empezando a mostrar las cartas: “no hay alternativa”

Fue Margaret Thatcher quién inmortalizara en 1979 la frase “no hay alternativa”, en relación a que el neoliberalismo era la única opción posible, dadas las circunstancias sociales y económicas por las que atravesaba Gran Bretaña en ese momento. Una frase tantas veces repetida por la Dama de Hierro que desde entonces comenzó a utilizarse como sigla, TINA (“There Is No Alternative”).

En el inicio de la puesta en marcha de un programa neoliberal, esta consigna es una de las claves en la comunicación política. El presidente del Gobierno español decía en 2012 que "el Gobierno ha tenido que hacer cosas que no le gusta hacer para salir de la grave situación en la que se encuentra". Dicho de otra forma, “ya nos gustaría poder hacer otra cosa, pero con la herencia que hemos recibido, no tenemos otra alternativa que hacer esto”.

El argumento que justifica el ajuste estructural del Estado es la necesidad de reducción del déficit público, ocultando la fuerte transferencia de riqueza desde el sector público hacia el privado concentrado. Siguiendo con el mandatario español, “corregir el déficit es una obligación y algo imprescindible para España”, o"recortar (...) es imprescindible porque en este momento no hay dinero para atender a los servicios públicos".

En este punto, y para apoyar esta idea, suelen usarse sobre-simplificadas explicaciones del funcionamiento económico. Margaret Thatcher aclaraba décadas atrás “esta verdad fundamental: el Estado no tiene más dinero que el dinero que las personas ganan por sí mismas y para sí mismas. Si el Estado quiere gastar más dinero, sólo puede hacerlo endeudando tus ahorros o aumentando tus impuestos. No es correcto pensar que alguien lo pagará. Ese «alguien»eres «tú». No hay «dinero público», sólo hay «dinero de los contribuyentes»”.

Otros ejemplos de lo mismo: un referente del neoliberalismo en Argentina, Domingo Cavallo [3], mientras anunciaba como Ministro de Economía en 2001 el enésimo ajuste del gasto público, afirmaba que “hay que ir a déficit cero y dejar de vivir de prestado”. También Rajoy arrojaba luz sobre esta cuestión en 2012 asegurando que “lo que no se puede gastar es lo que un país no tiene”.

Como puede verse, resulta curioso que la comunicación de la economía neoliberal, según sea conveniente, puede apoyarse en modelos inteligibles sólo para un selecto grupo de “expertos” (ocultación) o, por el contrario, puede ser tan simplista como las afirmaciones anteriores (reduccionismo). “La teoría económica convencional acostumbra a practicar, no se sabe muy bien si a partes iguales, la ocultación y el reduccionismo desvirtuando el carácter y la percepción de la economía” (Martinez González-Tablas & Álvarez Cantalapiedra, 2013).

Además de querer minimizar la pérdida inexorable de apoyo popular, la idea de la inexistencia de alternativas al neoliberalismo también tiene como trasfondo un intento de des-ideologizar el modelo, queriendo instalarlo en la opinión pública como si fuera una cuestión referente a las ciencias puras. “No nos gusta lo que estamos haciendo (no elegimos, no es ideología), pero no tenemos opción (es una decisión científica)”.

Además de su inevitabilidad y su carácter científico, existen otras cartas de presentación del modelo. La primera, como una “modernización” de las instituciones democráticas y el aparato productivo. Cavalloafirmaba que “vivimos una época de modernización de todo el aparato productivo después de que Argentina había quedado rezagada en todos los sectores”. La segunda, que existe una suerte de consenso global sobre la adopción de este tipo de medidas. “Hay que recuperar la confianza de los mercados” o “hay que estar insertado en el mundo” son frases utilizadas repetidas veces por la primera línea del Partido Popular español.

Ya puesto en marcha el recetario neoliberal, parte de la sociedad, el periodismo y la oposición parlamentaria exige a los Gobiernos explicaciones por la incoherencia entre las propuestas plasmadas durante la campaña electoral y las medidas de política real que se implementan.

En este punto, se pueden ver dos estilos diferenciados de un particular mea culpa. Uno más pragmático:Mariano Rajoy afirmaba en 2013 que “quién me ha impedido cumplir mi programa es la realidad” o “dije que bajaría los impuestos y los estoy subiendo (…) han cambiado las circunstancias y tengo que adaptarme a ellas”. Otro estilo, impunemente “sincericida”: el ex presidente Carlos Menen declaraba meses después de comenzar su andadura neoliberal en la Argentina que “si yo hubiera dicho lo que iba a hacer, nadie me hubiera votado”.

Primeros impactos: “Estamos mal, pero vamos bien”

Cuando los impactos de las medidas neoliberales, en lugar de atenuar la situación de dificultad e insatisfacción que sufrían distintos sectores sociales antes de su puesta en marcha, evidencian un rápido empeoramiento de sus condiciones de vida, un retroceso de sus derechos sociales y un aumento del descontento social, la retórica de los representantes políticos y portavoces del poder debe dar un nuevo giro.

Cuando las cosas empeoran para la mayoría, se intenta transmitir el hallazgo de “brotes verdes”, de una ilusoria “luz al final del túnel”. La idea es que los “sacrificios” que viene haciendo el grueso de la ciudadanía bajo el yugo del libre mercado y sin tutela del Estado están empezando a dar sus frutos. Aunque éstos todavía no sean visibles para los sacrificadospor el modelo.

En un discurso en 1996, Menem sentenciaba que "estamos mal, pero vamos bien". En la misma dirección,Rajoy afirmaba en 2013 que “aún no podemos decir que España va bien, pero va mejor y el rumbo marcado es el correcto”. Este intento por vender esperanza e ilusión a sus votantes tiene como fin seguir pidiéndoles “sacrificios”.

Otra línea argumental consiste en incidir en que las decisiones que adopta el Gobierno son responsabilidad de otros actores o circunstancias.Principalmente, los resultados de las políticas de sus predecesores: afirmaba Mariano Rajoy, con el país plagado de protestas y movilizaciones como consecuencia de las medidas de su Gobierno, que "el PSOE carga con una culpa histórica. Hay que decirlo alto y claro". Thatcher decía que “curar la enfermedad de Gran Bretaña con el socialismo es como intentar curar la leucemia con sanguijuelas”. Y Menem, incluso hasta el último año de su década de mandato, no desistía en señalar “la pesada herencia” dejada por su antecesor.

La culpa de la política y de lo público

El debilitamiento y la denostación de la política y lo público son condiciones sine qua non para la implementación del modelo neoliberal.

Desacreditar a la política como un instrumento de transformación a disposición de las mayorías promueve la desafección y, de esta manera, facilita que ésta pase a ser de dominio del poder económico concentrado. Ronald Reagan dejaba a las claras su visión sobre la política. "Se supone que la política es la segunda profesión más antigua de la Tierra. He llegado a la conclusión de que guarda una gran semejanza con la primera".

Igualmente prostituido debe quedar lo público. Un ex ministro menemista, Roberto José Dromi, en referencia a las políticas de privatizaciones del Gobierno, afirmaba: “nada de lo que deba ser estatal permanecerá en manos del Estado”. No es un dato menor que Dromi en ese momento fuera Ministro de Obras y Servicios Públicos del Estado nacional argentino.

Si la política y lo público son partes del problema, las soluciones deben pasar por lo individual.En palabras de Margaret Thatcher “Están situando el problema en la sociedad. Y «la sociedad»no existe. Hay hombre y mujeres individuales, y también hay familias. Ningún gobierno puede hacer nada excepto a través de cada persona, y las personas necesitan mirar por sí mismas en primer lugar. Es nuestra obligación mirar por nosotros mismos, y después por nuestro vecino”.

Discursos que anticipan el estallido

Cambian los momentos históricos, los contextos mundiales, los territorios y los Estados-nación, las condiciones materiales de subsistencia de los pueblos, los nombres o las tendencias ideológicas de los partidos políticos. Pero en los casos analizados hay al menos tres cosas que no se alteran: las recetas en política económica, sus impactos sociales y los conceptos subyacentes al discurso de quienes, desde las instituciones políticas, deben implementarlas y legitimarlas.

Discursos que niegan lo que van a hacer, lo que hacen, y también las consecuencias de lo que hacen. Discursos que buscan responsables fuera, desacreditan a la política, injurian lo público y tiñen decisiones ideológicas de científicas. ¿Lo hacen por pragmatismo de realpolitik o por vergüenza ideológica?

Más allá de las palabras, parece evidente que los gobiernos neoliberales hacen lo que quieren hacer y saben lo que ello implica. Quieren instalar un nuevo “contrato social” que busque la legitimación de otro régimen de propiedad, con clases dominantes mucho más dominantes, un desmantelamiento y privatización del Estado, y la primacía de la competencia y la lógica mercantil en una sociedad individualista, insolidaria y descohesionada.

Dado que este sistema político y económico profundiza la desigualdad y la injusticia social, empobrece y expulsa a grandes mayorías, estos gobernantes,condenadosa recoger el apoyo popular, necesitan un relato fuerte para poder implementar la versión más voraz que ha conocido el capitalismo en su historia.

Más allá de las palabras, los gobiernos neoliberales han dejado o están dejando los mismos legados económicos, sociales y políticos. Los discursos analizados anticipan el estallido de una crisis social que se va gestando durante todo el tiempo que duran estas medidas. Más allá de que se repita incesantemente la idea de que “no hay alternativa”, en última instancia, y como dijera José Saramago: “la alternativa al neoliberalismo se llama conciencia”.

Notas:

[1] Por ejemplo, Margaret Thatcher llegó al Gobierno desde el Partido Conservador, Ronald Reagan desde el Partido Republicano o Mariano Rajoy desde el Partido Popular. Por su parte, Alberto Fujimori ganó las elecciones generales peruanas con formaciones nuevas, como Cambio 90 y Nueva Mayoría; Carlos Menen se alzó con el poder desde el Partido Justicialista, Fernando De la Rúa fue electo presidente argentino con la Alianza, y Antonis Samarás fue nombrado Primer ministro griego con Nueva Democracia en coalición con PASOK y DIMAR.
[2] Algunos eslóganes de estas campañas coincidieron en sus ideas abstractas. “Amanece en América” o “América ha vuelto” (Ronald Reagan, EEUU); “Revolución productiva y salariazo” (Menem, Argentina); “El laborismo no funciona” (Thatcher, Inglaterra); “Perú, país con futuro”(Fujimori, Perú); “Súmate el cambio” (Rajoy, España).
[3] Cavallo fue presidente del Banco Central durante la Dictadura Militar argentina (1981), Ministro de Economía durante la presidencia de Carlos Menem (1991-1996) y también durante la de Fernando De la Rúa (2001).

Bibliografía citada: 

Martínez González-Tablas, A. & Álvarez Cantalapiedra, S. (2013). “Aportaciones para una representación compleja y abierta del sistema económico capitalista”. Revista de Economía Crítica n. 15. 

Fuente:
 http://www.albasud.org/blog/ es/475/discursos-que- anticipan-el-estallido- comunicaci-n-pol-tica-en- contextos-neoliberales

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martes, 26 de marzo de 2013

Éstas son las medidas finalmente acordadas para atajar la crisis de Chipre


Por Eduardo Garzón Espinosa
Después de varios días de negociación, la troika (Banco Central Europeo, Unión Europea y Fondo Monetario Internacional) y el gobierno de Chipre han alcanzado un acuerdo para evitar la quiebra del sistema bancario chipriota. A cambio de una ayuda parcial prestada por la troika, el gobierno chipriota impondrá las siguientes medidas:
1)      Revisará todos los compromisos de los bancos afectados con la intención de no cumplir buena parte de ellos en relación a determinados acreedores. Es decir, los bancos no devolverán parte del dinero a sus accionistas, por lo que éstos sufrirán cuantiosas pérdidas. Recordemos que los accionistas y otro tipo de acreedores invirtieron su dinero en estas entidades siendo conscientes de que afrontaban un riesgo; podían ganar o perder. Resulta que han perdido y por lo tanto es lógico que ahora tengan que asumir pérdidas.
2)      Se aplicará un impuesto extraordinario a los depósitos bancarios de más de 100.000 euros, quedando a salvo los que dispongan de una cantidad inferior. La cuantía de este impuesto confiscatorio está por determinar, aunque se baraja la posibilidad de que alcance un 20% del total. Mientras este impuesto no se materialice, los bancos seguirán cerrados para evitar que los depositantes afectados puedan retirar sus ahorros. Con esta medida se busca trasladar los costes del desbarajuste bancario a los depositantes más acaudalados. En la medida en que paguen aquellas grandes empresas y grandes fortunas que han depositado allí sus ahorros con el objetivo de evadir impuestos, la disposición podría tener bastante sentido. Pero no olvidemos que no todos los depositantes con más de 100.000 euros en sus cuentas buscan eludir sus obligaciones fiscales.
3)    Se mantendrán los controles de capitales aprobados el pasado viernes 22 de marzo. Estos controles son topes legales a la salida de dinero del país. Se trata de evitar que los extranjeros retiren sus ahorros e inversiones de los bancos chipriotas una vez éstos abran sus puertas (en principio lo harán el martes 26 de marzo). Estos extranjeros tendrán que mantener su capital en el país, ya sea en forma de depósitos o en forma de otros activos locales. Al mismo tiempo, los inversores chipriotas tampoco podrán utilizar su dinero para invertir fuera del país. Los controles de capitales son medidas que secuestran el dinero que actualmente está en el país, obligándolo a no abandonar su territorio. Se trata de una disposición no convencional, incluso enfrentada a los principios económicos vigentes en la Unión Europea, ya que atentan contra la libre circulación del capital. Sin embargo, estos controles de capitales también fueron aplicados en Islandia en 2008. El hecho de que en Islandia todavía sigan vigentes nos sugiere que no será una medida pasajera.
4)      El segundo mayor banco del país, y más afectado de todos, será dividido en dos partes. En una de ellas irán a parar todos los depósitos por debajo de 100.000 euros; mientras que la otra parte recogerá todas las acciones, obligaciones y depósitos que vayan a sufrir una quita. Es decir, los elementos sanos del banco se agruparán formando un nuevo banco (banco bueno), y los elementos que sufrirán las pérdidas se agruparán formando un banco malo. La idea es que el banco bueno pueda seguir funcionando en condiciones normales, y así disipar todas las dudas de solvencia que mantienen muchos depositantes. El banco malo, en cambio, congelará todos sus activos y pasivos para que pueda ser liquidado de una forma ordenada (proceso que requiere mucho tiempo). Por cierto, ésta es otra medida que se llevó a cabo durante la crisis islandesa.
5)      Se obligará al Estado chipriota a no superar una deuda pública del 100%, para lo cual se acometerán diversos recortes, reformas y privatizaciones. A falta de mayor concreción en las medidas y en los plazos no se puede decir mucho más de estas medidas. En principio, supondrán un duro golpe para la economía chipriota ya que enfriarán su actividad, por lo cual es fácil prever una profunda y larga recesión. Ahora bien, podría ocurrir que –como en el caso islandés– no se exigieran estas medidas de inmediato, sino que se establecieran dentro de un tiempo suficiente como para poder amortiguar los efectos más duros de la recesión.

Nos encontramos, por tanto, con una respuesta a esta crisis mucho más inteligente que la que se propuso inicialmente. Los pequeños depositantes no tendrán que pagar los platos rotos de la banca, –tal y como se temía en un principio– y conservarán intactos sus ahorros. El coste del rescate bancario será asumido por los accionistas, por los depositantes más acaudalados, y por el Estado chipriota que tendrá que privatizar propiedades, aumentar impuestos y reducir gastos. Se trata de una respuesta muy alejada de la que podría considerarse ideal, y sin embargo, ya la quisiéramos para nosotros los ciudadanos españoles, griegos, portugueses e irlandeses. En el caso chipriota buena parte de los costes serán trasladados a los accionistas y a las grandes fortunas y grandes empresas que evaden impuestos en el país, mientras que en el caso de los denominados PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España, por sus siglas en inglés) la mayor parte del coste es trasladada íntegramente al ciudadano de renta media y baja. Diferencias que en parte se pueden explicar atendiendo a la nacionalidad de los acreedores: mientras en el caso de los PIGS los acreedores son fundamentalmente bancos alemanes y franceses, en el caso de Chipre los acreedores son básicamente empresas y fortunas extracomunitarias. Si unimos esta constatación al hecho de que sean los dirigentes alemanes y franceses los que llevan la voz cantante en la troika, entenderemos mucho mejor el trato diferenciado en la crisis chipriota.
Fuente: http://eduardogarzon.net/estas-son-las-medidas-finalmente-acordadas-para-atajar-la-crisis-de-chipre/
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lunes, 25 de marzo de 2013

UN EJEMPLO PARA UNA EUROPA EN CRISIS: ECUADOR SE NEGÓ A PAGAR LA DEUDA Y PROSPERÓ

Por CARLOS JÁTIVA, Embajador de Ecuador en París

Como España hoy, hace unos años, Ecuador era el país sudamericano que más parte de su presupuesto consagraba al pago de su deuda soberana. En 2005, Quito atribuyó el 40% del presupuesto público al pago de los intereses de la deuda mientras los gastos de sanidad y educación se reducían al 15%. Se satisfacía primero a los acreedores extranjeros, en detrimento de las necesidades fundamentales de la población. Un endeudamiento ilegítimo, una dependencia económica y financiera y un aumento de las desigualdades constituían las principales características de aquel Ecuador. Ante ese estado de hechos, en noviembre de 2006, a través de la vía electoral, los ecuatorianos llevaron a Rafael Correa a la presidencia de la República. Y con él todo cambió.

Al asumir el cargo en enero de 2007, Rafael Correa preconizó una “Revolución Ciudadana”, no violenta y democrática, que favoreciera la integración, la solidaridad y la equidad. Para alcanzar tales objetivos, era necesario asumir el poder a fin de transformarlo en poder popular, para provocar cambios en las estructuras desiguales existentes, puesto que el verdadero de­sarrollo sólo es posible a través de la modificación de las relaciones en el seno de la sociedad.

Correa decidió optar por la vía alternativa de dedicar los fondos estatales al gasto social y productivo, reduciendo de forma significativa la proporción del presupuesto asignada al pago de la deuda externa, y aumentando considerablemente la inversión humana. La realización de esta política fue posible gracias, en gran medida, a los resultados de la auditoría de la deuda externa y al rechazo de las deudas consideradas ilegítimas. Para lograrlo, Ecuador tuvo que atravesar un camino plagado de obstáculos. 

En el periodo de 1982 a 2006, la deuda externa en su totalidad (privada y pública) no hizo más que aumentar. Las ligeras “correcciones” derivadas de las diferentes condonaciones y renegociaciones nunca llegaron a frenar su vertiginoso ascenso, que pasó de 241 millones de dólares en 1970 a 17.000 millones de dólares en 2006. Representó como media, en el conjunto del mismo periodo, casi el 61% del producto interior bruto (PIB). Ecuador padecía entonces una verdadera hemorragia: si se calcula la diferencia entre las sumas recibidas de los prestamistas extranjeros y las sumas reembolsadas, se constata que la transferencia neta respecto a la deuda era negativa.

En ese periodo, más de 13.500 millones de dólares salieron de Ecuador para reflotar a los diferentes acreedores extranjeros. Así pues, esa lacra se fue transformando en un instrumento de dominación y de expolio de los países deudores, concebido por y para los países acreedores y las instituciones financieras internacionales. Además, Quito transfirió más de mil millones de dólares a los organismos multilaterales –Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Banco de desarrollo de América Latina, Fondo Monetario Internacional– y, sin embargo, su deuda aumentó.

Los intereses de la deuda representaban, en 2004, el 145% de los ingresos fiscales petroleros y, en 2006, el 200%... Si esta tendencia se hubiera mantenido, Ecuador hubiera agotado sus reservas petroleras en 25 años sin haber invertido esa riqueza en apoyar su desarrollo. Por otra parte, sólo el 14% de las sumas prestadas entre 1989 y 2006 se utilizaron para proyectos de desarrollo (agua potable, energía, irrigación, transportes, telecomunicaciones, infraestructura social y apoyo a las empresas). El 86% restante sirvió para devolver el capital y los intereses de la deuda externa.

El presidente Rafael Correa se comprometió a poner fin a semejante círculo vicioso del pago de la deuda y de acuerdos para la refinanciación de todo tipo. Para ello, creó la “Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público” (CAIC) el 7 de julio del año siguiente. El Gobierno pretendía de ese modo impulsar la identificación de las deudas ilegítimas, tanto con los acreedores multilaterales (BM, FMI, BID) como con los acreedores bilaterales. En base a los resultados de la auditoría, Ecuador renegociaría entonces el pago de la deuda externa. Decidió no pagar las deudas que no hubieran beneficiado a la población o que se hubieran contraído de forma fraudulenta, y emprender acciones jurídicas contra los responsables de la situación de endeudamiento. 

La posición de Correa fue clara: la deuda externa se pagará en la medida en que no afecte a las prioridades del desarrollo nacional. Posición que no excluye la opción de una moratoria si la situación económica lo exige. El Gobierno se posicionó así como “país acreedor” frente a una deuda ya ampliamente pagada y de la cual una buena parte era ilegítima, lo que justificaba su no devolución.

Un ejemplo de deuda ilegítima fue la decisión del Gobierno noruego de anular la deuda ecuatoriana. A finales de los años 1970, la industria noruega de construcción naval se encontraba en mala situación. Oslo decidió poner en marcha una “Campaña de exportación de navíos” y se aprobaron numerosos préstamos sin considerar la realización efectiva de los proyectos previstos ni la capacidad de reembolso de los países deudores. De los 36 proyectos concluidos con 21 países, sólo dos consiguieron satisfacer su deuda. Ecuador fue uno de los países que no llegó a hacerlo. Gracias a la presión de activistas por la anulación de la deuda tanto en Noruega como en Ecuador, el Parlamento y el Gobierno noruegos terminaron por tomar conciencia de que tales actuaciones eran inadmisibles. El 2 de octubre de 2006, el ministro noruego de Desarrollo Internacional anunció la anulación de la deuda para los países que, como Ecuador, aún debían entonces 36 millones de dólares.

Las renegociaciones con los acreedores internacionales habían empezado en 1983 cuando la deuda comercial de las empresas privadas ecuatorianas pasó a ser responsabilidad del Estado, ya que éstas no tenían recursos para cumplir con sus obligaciones económicas (como pasa hoy en España con los bancos). El proceso de renegociación conoció diversas peripecias, pero las cosas no cambiaron realmente hasta que, en 2007, siete meses después de su elección, el presidente Correa decidió crear la CAIC. Las conclusiones mostraron que numerosos préstamos habían sido concedidos violando reglas elementales del derecho internacional.

Como ocurre hoy en Grecia, en Portugal o en España, esas condiciones de crédito aceptadas obligaron a Ecuador a iniciar reformas estructurales que garantizaran modelos de pago de la deuda, en detrimento del crecimiento económico y de los derechos sociales de la población. 

Se llegó así a la sexta renegociación, en noviembre de 2008. Quito decidió suspender el pago de títulos de deuda con fecha de vencimiento, algunos para 2012, y otros para 2030. Rafael Correa propuso una reestructuración de la deuda, no por falta de dinero, sino porque existían indicios de ilegitimidad y de ilegalidad de la deuda. El Presidente Correa señaló que la renegociación debía tener en cuenta, no sólo las exigencias de los acreedores, sino también las demandas del Gobierno, tomando ante todo en consideración las posibilidades de pago del país, únicamente después de haber satisfecho las necesidades sociales del pueblo.

En junio de 2009, Ecuador consiguió readquirir títulos de deuda por valor de 3.200 millones de dólares por sólo 900 millones de dólares, es decir, con una reducción de entre un 65% y un 70% de su valor. Si tenemos en cuenta los intereses que Ecuador ya no tendrá que pagar, puesto que ha comprado títulos que vencen en 2012 y en 2030, el Tesoro Público ahorró en torno a 7 280 millones de dólares para los próximos 21 años. Esto ha permitido encontrar nuevos medios financieros y aumentar el gasto social en la sanidad, la educación, la ayuda social y el desarrollo de infraestructuras de la comunicación.

Como consecuencia, la deuda de Ecuador descendió de 17.475 millones de dólares en 2008 a 13.686 millones en mayo de 2011, lo que representa una reducción de 3.789 millones de dólares. El saldo de la deuda externa pública fue restablecido a 8.705 millones, mientras que el de la deuda privada quedó en 4.981 millones.

Esta actitud original y soberana del Gobierno responde a preceptos precisos inscritos en la nueva Constitución ecuatoriana aprobada por sufragio universal en septiembre de 2008. En especial, el artículo 290 somete todo endeudamiento futuro a las siguientes reglas:

1. Se recurrirá al endeudamiento público sólo cuando los ingresos fiscales y los recursos provenientes de la cooperación internacional sean insuficientes.
2. Se velará para que el endeudamiento público no afecte a la soberanía, los derechos, el buen vivir y la preservación de la naturaleza.
3. Con endeudamiento público se financiarán exclusivamente programas y proyectos de inversión para infraestructuras, o que tengan capacidad financiera de pago. Sólo se podrá refinanciar deuda pública externa, siempre que las nuevas condiciones sean más beneficiosas para Ecuador.

La no devolución de la deuda decidida por Rafael Correa, le ha permitido a Ecuador ahorrar casi 7.000 millones de dólares (intereses incluidos), que se han reinvertido en el ámbito social.

Por otra parte, entre 2006 y 2011, el porcentaje del presupuesto estatal dedicado a la devolución de la deuda pasó del 24 al 7%, mientras que el relativo a los gastos sociales aumentó del 12 al 25%. Además, el crecimiento del PIB alcanzó una media del 4% desde 2006 y de un 7,8% en 2011, lo que permitió financiar el aumento de los salarios, las pensiones y la mejora general de las condiciones de vida.

En mayo de 2010, a raíz de un encuentro con el ex primer ministro griego Yorgos Papandreu, Rafael Correa le aconsejó, pero en vano, que Atenas dejase de pagar su deuda. Le explicó en términos simples pero significativos: “Es la lógica financiera: te caíste, me pagas más y más caro. Cuando la lógica del desarrollo tendría que ser: te caíste, pues te levanto y después ya veremos cómo nos arreglamos”. Reiteró este consejo el 8 de octubre de 2011 a los países europeos afectados por la “crisis de la deuda”, que no es más que un pretexto para la implementación de políticas austeritarias.

Si analizamos las medidas regionales, coherentes con las políticas mencionadas, se puede destacar que en marzo de 2007, siete países de UNASUR (Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Brasil y Uruguay) decidieron restablecer márgenes de maniobra creando el Banco del Sur, una institución financiera que dispondrá de una parte de las inmensas reservas –entre 7.000 y 20.000 millones de dólares– para el desarrollo del continente.

Y Ecuador añadió otros dos pilares a la nueva arquitectura financiera regional con la Declaración de Quito de mayo de 2007. Propone la creación de un fondo de estabilidad regional, el Fondo del Sur, y una unidad de cuenta común que abra el camino a la futura unión monetaria sudamericana. De ahí el SUCRE, o Sistema Unitario de Compensación Regional de Pagos, boceto de una moneda común.

Tras cinco años de Revolución Ciudadana, Ecuador ha logrado encontrarse por primera vez en una situación que le permite realizar una distribución adecuada de la renta y la riqueza, promover la producción nacional, la integración regional, el respeto a los derechos de los trabajadores y la estabilidad económica.
Aunque todavía quedan objetivos por alcanzar, las cifras de la revolución productiva y económica son reveladoras de un cierto optimismo. El paro y los contratos precarios se han reducido, la pobreza ha disminuido. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Ecuador es el segundo país de la región que más ha reducido su índice de pobreza, que ha caído 9 puntos situándose en un 28,6%. En 2011, 650.000 personas salieron de la pobreza.

Gracias al crecimiento económico y a la gestión responsable de las finanzas, la deuda pública en relación al PIB ha descendido a su nivel más bajo en la historia. En octubre de 2011, se situaba en un nivel del 22% (14% de deuda externa y 8% de deuda interna). Ecuador ha conseguido imponerse a la deudocracia. Y ya no está en venta.

Fuente: http://www.monde-diplomatique.es/?url=mostrar/pagLibre/?nodo=c0c9a682-d412-4501-9cfd-cb6874237206

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domingo, 24 de marzo de 2013

Alemania contra Europa


Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC.
Es muy significativo que habitualmente se hable de “castigo” para referirse a las medidas que Merkel y sus ministros imponen a los países más afectados por la crisis.
Dicen a sus compatriotas que tienen que castigar nuestra irresponsabilidad para que nuestro despilfarro y nuestras deudas no los paguen ahora los alemanes. Pero el razonamiento es falso pues los irresponsables no han sido los pueblos a los que Merkel se empeña en castigar sino los bancos alemanes a quienes protege y los de otros países a los que prestaron, ellos sí con irresponsabilidad, para obtener ganancias multimillonarias.
Los grandes grupos económicos europeos consiguieron establecer un modelo de unión monetaria muy imperfecto y asimétrico que enseguida reprodujo y agrandó las desigualdades originales entre las economías que la integraban. Además, gracias a su enorme capacidad inversora y al gran poder de sus gobiernos las grandes compañías del norte lograron quedarse con gran cantidad de empresas e incluso sectores enteros de los países de la periferia, como España. Eso provocó grandes déficit comerciales en éstos últimos y superávit sobre todo en Alemania y en menor medida en otros países.
Paralelamente, las políticas de los sucesivos gobiernos alemanes concentraron aún más la renta en la cima de la pirámide social, lo que aumentó su ya alto nivel de ahorro. De 1998 a 2008 la riqueza del 10% más rico de Alemania pasó del 45% al 53% del total, la del 40% siguiente del 46% al 40% y la del 50% más pobre del 4% al 1%.
Esas circunstancias pusieron a disposición de los bancos alemanes ingentes cantidades de dinero. Pero en lugar de dedicarlo a mejorar el mercado interno alemán y la situación de los niveles de renta más bajos, lo usaron (unos 704.000 millones de euros hasta 2009, según el Banco Internacional de Pagos) para financiar la deuda de los bancos irlandeses, la burbuja inmobiliaria española, el endeudamiento de las empresas griegas o para especular, lo que hizo que la deuda privada en la periferia europea se disparase y que los bancos alemanes se cargaran de activos tóxicos (900.000 millones de euros en 2009).
Al estallar la crisis se resintieron gravemente pero consiguieron que su insolvencia, en lugar de manifestarse como el resultado de su gran imprudencia e irresponsabilidad (a la que nunca se refiere Merkel), se presentara como el resultado del despilfarro y de la deuda pública de los países donde estaban los bancos a quienes habían prestado. Los alemanes retiraron rápidamente su dinero de estos países, pero la deuda quedaba en los balances de los bancos deudores. Merkel se erigió en la defensora de los banqueros alemanes y para ayudarles puso en marcha dos estrategias. Una, los rescates, que vendieron como si estuvieran dirigidos a salvar a los países, pero que en realidad consisten en darle a los gobiernos dinero en préstamos que pagan los pueblos para traspasarlo a los bancos nacionales para que éstos se recuperen cuanto antes y paguen enseguida a los alemanes. Otra, impedir que el BCE cortase de raíz los ataques especulativos contra la deuda de la periferia para que al subir las primas de riesgo de los demás bajara el coste con que se financia Alemania.
Merkel, como Hitler, ha declarado la guerra al resto de Europa, ahora para garantizarse su espacio vital económico. Nos castiga para proteger a sus grandes empresas y bancos y también para ocultar ante su electorado la vergüenza de un modelo que ha hecho que el nivel de pobreza en su país sea el más alto de los últimos 20 años, que el 25% de sus empleados gane menos de 9,15 euros/hora, o que a la mitad de su población le corresponda, como he dicho, un miserable 1% de toda la riqueza nacional.
La tragedia es la enorme connivencia entre los intereses financieros paneuropeos que dominan a nuestros gobiernos, y que estos, en lugar de defendernos con patriotismo y dignidad, nos traicionen para actuar como meras comparsas de Merkel.
Artículo censurado en El País

jueves, 28 de febrero de 2013

Cómo especular contra la deuda pública de un país como España


Por Eduardo Garzón Espinosa
¿Por qué sube la prima de riesgo de un país?  En principio porque los inversionistas financieros (conocidos como “los mercados”) confían menos en la solvencia del país en cuestión. Recordemos que cuando el Estado de un país emite deuda pública, lo que está haciendo en realidad es entregar títulos (papelitos) a cambio de que le presten dinero. Esos préstamos tienen un tipo de interés, que es el coste que tiene que pagar el Estado por haber pedido dinero prestado. Por ejemplo, en el año 2012 un inversionista recibe un título del Estado español y a cambio le presta 1000 euros a un tipo de interés del 1% con fecha de vencimiento de un año. En 2013 el inversionista devolverá el título y el Estado español le devolverá los 1000 euros más el 1% en concepto de intereses (10 euros), en total: 1010 euros. El inversionista termina con más dinero del que tenía al principio, y de esta forma se lucra.
El tipo de interés que acuerden será más alto a medida que el Estado empeore su situación económica, puesto que es una forma de compensar el posible hecho de que al final el Estado no pueda devolver el dinero. De la misma forma, a mejor situación económica del país, menor tipo de interés. Si los inversionistas creen que un estado es solvente y podrá devolver el dinero que le prestan, entonces pedirán un tipo de interés reducido. Esto es precisamente lo que ocurre actualmente con Alemania. Los inversionistas piensan que el Estado alemán es solvente y por lo tanto le prestan dinero “barato” (es decir, a un tipo de interés reducido: 1,62%). Al mismo tiempo esos mismos inversionistas creen que España tiene probabilidades de tener problemas de solvencia y no pagar sus deudas, por lo que le prestan dinero a un tipo de interés más elevado (5,17%). A la diferencia existente entre el tipo de interés que le piden a Alemania y el que le piden a España se le denomina “prima de riesgo” (5,17% – 1,62% = 3,55% = 355 puntos básicos (1)).
Parece comprensible que los inversionistas cada vez confíen menos en el Estado español, debido a la desastrosa situación económica que está atravesando. Pero, ¿es comprensible que en ocasiones la prima de riesgo española se dispare en un solo día, o incluso en unas pocas horas, cuando no ha pasado nada digno de mención en la economía española? Eso no parece tener sentido, al menos no si sólo tenemos en cuenta que el tipo de interés sube o baja dependiendo de la confianza que tengan los inversionistas en la solvencia del Estado. Lo que ocurre es que en ese movimiento influyen otros factores, y especialmente el de la especulación financiera.
Especular es comprar barato y vender caro para obtener beneficios con la diferencia de precios. En el mercado financiero es relativamente fácil especular porque el precio de los activos responde sensiblemente a los cambios en la oferta y demanda de títulos. Un pequeño inversionista no podrá influir en el precio de un activo, pero un gran inversionista que posea cantidades mastodónticas de dinero sí lo podrá hacer. Aquí ofrecemos una explicación sencilla de una de las formas a través de las cuales los especuladores financieros obtienen enormes beneficios atacando a la deuda pública de los países (y particularmente a la deuda española a partir de 2010).
1)      El primer movimiento del especulador consiste en descubrir alguna debilidad de algún país.Al igual que los tiburones atacan cuando huelen la sangre, los especuladores atacan cuando encuentran alguna fisura en la salud de una economía nacional. Es por este motivo que los especuladores no pueden atacar a países como Alemania o Estados Unidos, sino que sólo pueden hacerlo con aquellos países menos vigorosos (España, Grecia o Portugal son algunos ejemplos; las dudas económicas sobre estos países a partir de 2010 los convirtieron en presas fáciles de abordar).
2)      El segundo movimiento consiste en comprar CDS para utilizarlos como “caballo de Troya”.Un CDS es un título financiero (papelito) que funciona como un seguro. Al igual que un seguro de coche te cubre en caso de accidente, un CDS te cubre en caso de que algún Estado no te devuelva el dinero que le prestaste. El especulador le compra los CDS a un banco de inversión que se compromete, en caso de que el Estado español no devuelva el dinero, a cambiarle el título de deuda pública española por un título de deuda pública alemana (que goza de mayor confianza y seguridad). El CDS tiene un precio, que será más alto conforme más elevado sea el riesgo de que el Estado no devuelva el dinero (al igual que un seguro de coche es más caro conforme más probabilidades tenga el conductor de sufrir un accidente). Puesto que todavía (principios de 2010) no hay dudas serias sobre la solvencia del Estado español, este precio es bajo. El especulador se asegura de comprar muchos títulos de CDS para que luego funcionen como un “caballo de Troya”.
Lo gracioso es que el especulador puede comprar los CDS aunque no tenga títulos de deuda pública en su poder, debido a las pocas normas regulatorias que existen en los mercados financieros.
3)      El tercer movimiento consiste en pedir prestados una cantidad enorme de títulos de deuda pública en el mercado secundario. El especulador obtiene así muchísimos títulos de deuda pública española que se compromete a devolver pasado un tiempo. Pero antes de que llegue el momento de devolverlos, los venderá de forma masiva y en un solo día (las normas de los mercados financieros permiten hacer algo tan estrafalario como vender títulos que te han prestado). La venta de tantos títulos de deuda pública no pasará desapercibida, y los demás inversionistas verán en ella una señal de que están empezando a desconfiar de la solvencia del Estado español, puesto que parece que hay mucha gente vendiendo los títulos de deuda pública española. Si esta acción se acompaña de rumores y opiniones (por parte de expertos relacionados con el fondo especulador, por ejemplo) que lanzan el mensaje de que el Estado español tendrá problemas para afrontar sus pagos, entonces el efecto será aún mayor, y los inversionistas poseedores de títulos de deuda pública española se asustarán y venderán ellos también todos los títulos que puedan. Como muchos agentes quieren librarse de los títulos a toda costa, los venderán al precio que sea y esto hará que pierdan mucho valor (por la ley de la oferta y la demanda; cuantos más agentes ofrezcan algo, más bajará su precio).
Al mismo tiempo, nuestro especulador utiliza el dinero que ha recibido por la venta de títulos de deuda española para comprar títulos de deuda pública alemana, empujando al alza la valoración de estos títulos alemanes (por la ley de la oferta y la demanda; cuantos más agentes demanden algo, más subirá su precio).
4)      El cuarto movimiento se produce de forma automática: es el impacto que tiene el “caballo de Troya” instalado a través de los CDS. Recordemos que nuestro especulador compró muchos CDS (seguros) a un banco de inversión. Este banco de inversión (vendedor de seguro) empieza a ver que el Estado español tiene más posibilidades de quebrar. Puesto que se comprometió a entregar títulos de deuda pública alemana a los compradores de CDS en el caso de que el Estado español quebrara, lo que hace el fondo de inversión es comprar títulos de deuda pública alemana para tener suficientes en su cartera (y también vender títulos de deuda española porque tienen ya muy poco valor). Estos dos movimientos reforzarán la senda iniciada por nuestro especulador: venta masiva de títulos de deuda pública española (lo que reducirá su precio) y compra masiva de títulos de deuda alemana (lo que aumentará su precio).
5)      El último movimiento consiste en recoger las ganancias realizadas por el movimiento especulativo. Nuestro especulador compró muchos títulos de deuda alemana a un precio bajo, y ahora que han aumentado mucho su valor los vende, obteniendo suculencias ganancias. Además, ahora comprará títulos de deuda pública española a precios muy bajos y los devolverá al agente que se los prestó en su día. Pero para rematar la jugada venderá los CDS que compró al principio, puesto que ahora se valoran mucho más ya que hay gente asustada que quiere comprar seguros por si el Estado español quiebra. Más ganancias al vender los CDS.

Así es cómo los especuladores actuaron y actúan para cosechar beneficios mastodónticos al mismo tiempo que ponen a España y otros países contra la espada y la pared al provocar un aumento importante de sus primas de riesgo (ya que la confianza en sus títulos de deuda baja, y la depositada en los títulos alemanes sube). Una actuación abominable y criminal que está permitida por los grandes poderes públicos de los países occidentales.

Notas:
(1)    A 20 de febrero de 2013.
Fuente: http://eduardogarzon.net/como-especular-contra-la-deuda-publica-de-un-pais-como-espana/
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viernes, 22 de febrero de 2013

Conversación: Sobre la situación empresarial


Por Santiago Niño Becerra
No se pierdan ni una coma de la conversación que viene  a continuación. Se inicia con un mail que recibí hace unos días:
“Soy el propietario, de 2ª generación, de una pequeña empresa de instalaciones con más de 35 años de antigüedad.  Desde que empezó la crisis hemos enfocado todos nuestros esfuerzos en ser competitivos y eficientes y eso nos ha permitido mantenernos a flote. Pese a nuestros esfuerzos, nuestros márgenes se han ido reduciendo debido a las bajadas de precios de productos y servicios derivados de una competencia cada vez más feroz y del efecto de la inflación.
Desde que  hemos entrado en el 2013 estamos prácticamente parados, y las faenas que se hacen son con un margen de beneficio muy pequeño y todo y eso a la gente le parece caro. Ha habido un cambio psicológico respecto al valor del dinero y en este momento un producto o servicio que apenas cubre costes a la gente le parece caro.
Viendo este panorama uno no sabe si dejarlo e irse a otro país o seguir. Para mí la clave de esta ecuación está en el tiempo que va a durar esta situación, si estamos tocando fondo y vamos a estar 2 años me puedo plantear seguir, pero si la cosa se alarga más habrá sido un desgaste y un sufrimiento innecesario estar 2 años luchando para luego cerrar.
Este es el motivo por el cual me dirijo a usted. Usted ha estudiado la estructura económica de crisis similares. ¿Podría decirme cuanto tiempo vamos a estar en el fondo? ¿Estamos en el fondo, fondo?  ¿Cree que aguantar 2 o 3 años cubriendo costes es un esfuerzo que va a ser inútil?
Respecto a la burbuja inmobiliaria, ¿existe algún suelo en los precios de los inmuebles?. He estado mirando precios de inmuebles en Estados Unidos (Zona de Detroit) y me he quedado asustado de los precios de las casas en algunas zonas, ¿Puede suceder algo similar aquí? Le adjunto link de inmobiliaria: http://www.trulia.com/MI/Detroit/”
Mi respuesta fue:
“Ya hemos llegado al un punto crucial, y Ud. lo expresa magistralmente: da igual el precio que Ud. ofrezca, siempre parece cara su oferta porque quien tiene que pagar le es escaso el bien con que pagarle, es decir, hay escasez de dinero (o de capacidad de endeudamiento, es igual). Eso es típico de una situación deflacionaria en la que la Economía puede llegar a paralizarse, independientemente del nivel de precios.
Pienso que el 2013 está muerto, al igual que parte del 2014. Se irán adoptando medidas ya tomadas y se diseñarán nuevas medidas que se adoptarán, y el efecto de eso será más depresivo. A partir del 2014 pienso que se logra una estabilización y que se pondrá en marcha un principio de recuperación pero desde donde estará en el 2014, y no con el objetivo de llegar a donde se estaba en el 2006, sino para empezar a partir de ahí.
¿Qué quiere decir esto?, pues que si su empresa hace cosas necesarias y las hace bien y son productivos y ..., habrán sobrevivido (aunque hayan tenido que recortar tamaño) y podrán permanecer junto a otra empresa semejante a la suya en un área en la que antes habían cinco. E irán haciendo cosas en un mundo que no será el del 2006, sino más pequeño. Y cuando eso suceda a eso se le llamará recuperación.
Ojo con esos precios de las casas en USA. Precisamente en Detroit los bancos han estado vendiendo casas a 1 USD si el comprador se hacia cargo de la hipoteca. Coja una referencia: de media, desde el 2007, en Irlanda la vivienda ha bajado el 55%; a partir de ahí ... Pienso que en España la vivienda va a bajar más”.
Y me respondió:
“Hay una frase dentro de su respuesta que me parece clave: ‘Eso es típico de una situación deflacionaria en la que la Economía puede llegar a paralizarse independientemente del nivel de precios’. Creo que esto es muy fuerte, en el sentido de que en ese entorno las empresas no pueden sobrevivir debido a sus costes fijos y deudas. Van a rodar muchas cabezas. ¿Cuánto tiempo puede paralizarse una economía?
Al inicio de la crisis, en una conversación con mi padre hablamos de que antes de caer nosotros tendría que caer media España debido a que nosotros teníamos unos balances muy saneados, no teníamos pasivos y teníamos algún activo; estábamos convencidos de que eso no podía suceder.  A día de hoy esto se ha convertido en una opción viable pues pese a tener un balance saneado nuestros activos inmobiliarios se han convertido en pasivos (locales que no hay manera de alquilar ni vender y sus correspondientes derramas de comunidad y gastos varios siguen y seguirán llegando)  Si a esto le sumamos que nuestra principal fuente de ingresos, nuestra actividad, se está agotando...
  Lo más fuerte del asunto es que si nosotros tenemos posibilidades de caer, pese a no tener deudas y un balance saneado, ¿¿¿Cómo estarán los demás???  ¡¡Dios mío!!
Creo que debido a que el precio no es el problema, por mucho que bajemos los precios siempre habrá alguien que baje más, el enfoque tendrá que ser en ofrecer cosas únicas, productos o servicios escasos y necesarios. Trabajaré en ese sentido.
Aprovecharé para hacerle una última pregunta. ¿Cómo podemos deshacernos de activos inmobiliarios que el mercado no los quiere ni a precio de liquidación? ¿Alquiler hiper barato para cubrir gastos y aguantar el temporal hasta que salga el sol?”
Y mi contestación:
“No, siempre no habrá quien baje más: simplemente no podrá no cubrir sus costes fijos, por lo que, si lo hace, no podrá pagar lo que debe. Especializarse está bien, pero pudiendo, a la vez, atender cualquier demanda (otra cosa es que fuesen líderes en algún proceso de la industria aeroespacial, por ejemplo). Partan de que son ricos: no tienen deudas.
¿Cómo deshacerse de un activo inmobialiario que es suyo?. Regalándolo, por ejemplo. Pero no se precipite. Vaya a un experto en temas inmobialiarios y hable con él. Deduzco que hoy no precisa para vivir de los ingresos que podría obtener, luego con cubrir los gastos que le cuesta ya haría (de momento, claro).
Insisto: es rico: no tienen deudas”.
¡Hay que ver, pensé tras pulsar la opción de ‘Enviar’, lo que pueden cambiar las cosas en unos muy pocos años!. ¡Hay que ver!. (Me quedé con la idea de que un activo que no rinde se convierte en un pasivo: tiene miga).
Fuente: http://lacartadelabolsa.com/leer/articulo/conversacion1
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